Yo
¿Alguna vez te he dicho algo acerca de mí? ¿Crees que me conoces? ¿En algún instante te he permitido saber quién soy? Lo dudo. Me parece que sólo has visto lo que tú has querido, una proyección de tus expectativas sobre mi persona, en base a una ocasión en que concordé con uno de los estereotipos que bailaban en vuestra cabeza. Habéis visto a un hombre que actúa de una cierta manera, que da sus pasos a un ritmo particular, que en ocasiones habla sobre temas serios y que en otras resulta agradable. Pero, ¿Quién es él? (o yo, mejor dicho - tal grado de despersonalización llega a las limitaciones de la irracionalidad) ¿Te lo has preguntado al menos una vez? ¿Puede ser que nunca hayas sentido el interés por manifestar tal interrogante?
De todos modos, no te culpo. No te culpo hoy, ni lo haré en el futuro. No has de temer a ningún tipo de represalias ni a indebidos sentimientos de dolor que lograsen perturbarte. Aunque, ¿Si te llega a perturbar es por algo? ¿No nos lo ha hecho ver así la causalidad inherente a la vida? (inherente al transcurrir, inherente al respirar, al mirar y al sentir).
Muchas preguntas agotan las mentes porque las adormecen y les llevan al estado de más grave insatisfacción. Y, hermanos míos, ¿Qué cosa más lejana al hombre que la insatisfacción y el sufrimiento? ¿Qué búsquedas más conflictivas son las que rompen con el necesario status quo presente en la condición de ser hombre? Porque si de algo tengo seguridad, es que hay algo invariable, perenne.

