El uso de objeto en la clínica winnicottiana
El presente ensayo tiene al ‘uso de objeto', concepto perteneciente a la clínica de Donald W. Winnicott, como foco principal. Si me he propuesto dicha tarea es porque considero que tal término puede ofrecer algún grado de aclaración sobre el papel y posición del psicoterapeuta, el momento adecuado de la interpretación y el potencial impacto de la misma.
Uso de objeto (en la teoría)
Las implicancias del uso de objeto, o sea el significado de este vocablo, sólo pueden ser comprendidas en el contraste con la relación de objeto. Esta última expresión, de acuerdo a Winnicott (1992), apunta al establecimiento de una relación unidireccional capaz de ser descrita considerando al sujeto como variable aislada. Es posible dejar de lado las características propias del objeto receptor de las catexias y enfocarse en los mecanismos proyectivos actuantes desde y por el sujeto, en su comprensión de la realidad externa (1). Por su parte, el uso de objeto comprende a la relación de objeto, pero va más allá de ella al considerar la naturaleza y conducta de éste último. Así, si se desea usar, "es forzoso que el objeto sea real en el sentido de formar parte de la realidad compartida, y no un manojo de proyecciones" (Winnicott, 1992, p. 199).
Winnicott (1992) plantea que entre la capacidad de establecer relaciones y de usar objetos existe un proceso maduracional. Dicha transición no responde a una condición innata del sujeto, no es una disposición autónoma del desarrollo, sino que requiere de un ambiente facilitador.
En un primer momento, nos encontramos con un individuo que establece relaciones de objeto desde una posición de total omnipotencia. Las cualidades del objeto no son relevantes, ya que éste es sólo comprendido desde los mecanismos proyectivos actuantes en el sujeto; ellos son la razón de que el objeto se encuentre ahí. El objeto es vivenciado en la fantasía, al interior de la zona de control omnipotente del sujeto. En un segundo momento, el sujeto empieza a percibir al objeto como ajeno a él, como lejano a su rango de influjo. Ya no puede ser entendido completamente desde la fantasía. Es en este instante, cuando se vislumbra que el objeto es algo externo, que el individuo decide atacar y destruir. El objeto puede destruirse por completo o bien sobrevivir a la agresión. El resultado de ese evento decidirá si el sujeto abandona la fantasía y es capaz de usar el objeto, o si fracasa en su empresa, no pudiendo usarlo.
Winnicott (1992) considera que la destrucción desempeña un papel en la formación del principio de realidad, al posicionar el objeto fuera de la persona. En tanto el objeto sobreviva, podrá dar cuenta de su existir independiente, de su lejanía de la influencia de la fantasía inconsciente y de su permanencia más allá de la voluntad del sujeto. Si el objeto es destruido no podrá ser usado, no podrá ser vivenciado como permanente. El individuo considerará que la realidad está a merced de sus fantasías y nunca podrá establecer un vínculo con un objeto real.
A modo de resumen, la secuencia sería la siguiente:
- a) El sujeto se relaciona con el objeto: El objeto está bajo la zona de control omnipotente del sujeto, no se lo reconoce como fenómeno exterior.
- b) El objeto está a punto de ser hallado por el sujeto: El sujeto entrevé que el objeto podría encontrarse fuera de su rango de control.
- c) El sujeto destruye el objeto: El reconocimiento del objeto como una entidad por derecho propio, como fenómeno externo, lleva a que el sujeto lo destruya. Lo paradójico está en que los objetos "al mismo tiempo pasan por el proceso de quedar destruidos porque son reales, y de volverse reales porque son destruidos" (Winnicott, 1992, p. 122).
- d) El objeto sobrevive a la destrucción: El objeto permanece con vida, a pesar de la embestida.
- e) El sujeto puede usar el objeto: Gracias a su supervivencia, el objeto adquiere un valor especial para el sujeto. El sujeto ya puede vivir una vida en el mundo de los objetos, "los mecanismos proyectivos colaboran en el acto de percibir qué hay ahí, pero no son la razón de que el objeto se encuentre ahí" (p. 122).
Uso de objeto (en la práctica, 1)
¿Qué importancia posee para la práctica clínica la conceptualización recién expuesta? Para hacer frente a este cuestionamiento, propongo la respuesta siguiente: ‘Para alcanzar la cura se requiere que el paciente pase de la relación al uso de objeto, en su vinculación con el analista. Este último, debe sobrevivir y ser usado por su paciente (2).
En un comienzo, nos encontramos con que el terapeuta no existe como objeto real y autónomo, sino que es vivenciado por medio de tergiversaciones impuestas por el mundo interno del paciente. El individuo deposita sobre el analista sus proyecciones, coloca partes de sí sobre la persona de éste y se relaciona con él a nivel de sus fantasías inconscientes. Aún no se ha establecido el marco de un análisis, sino que, en palabras de Winnicott (1992), no se ha hecho otra cosa que experimentar una especie de autoanálisis, donde el analista es ubicado como una proyección de una parte del paciente.
En un momento posterior, conforme al transcurso de las sesiones, el paciente comenzará a notar que el analista ocupa un lugar propio en el mundo, y que la existencia de éste (del terapeuta) parece no definirse única y exclusivamente a partir de él (paciente). Dicho fenómeno surgirá a merced de la actitud del analista, quien no siempre cederá a la demanda del paciente, generando un distanciamiento entre la fantasía y la realidad.
Esto llevará a que el paciente ataque al objeto - terapeuta, exigiéndole el cumplimiento de una serie de demandas. Tal interpelación del paciente podría tomar diferentes características, yendo desde el reclamo (porque las cosas no han ido como el paciente esperaba), las verbalizaciones ofensivas y las devaluaciones, hasta conductas profundamente antisociales, próximas al acting out. Seguramente, el ataque tomará múltiples formas en función de las características del paciente, ya que los reclamos serán distintos en pacientes histéricos, obsesivos y fronterizos. De cualquier manera, lo fundamental, de esta fase, es que el analista sobreviva a la agresión del paciente (3).
Si el analista no sobrevive, el paciente retrocederá de su contacto inicial con la realidad y volverá a refugiarse en la fantasía, no logrará el paso de la relación al uso de objeto. Aunque esto no necesariamente implica el final de la terapia, sí constituye el fin de la posibilidad de elaborar el conflicto subyacente del individuo. Winnicott (1992) señala que en esos casos, pese a que el análisis parece funcionar bien y a que todos pueden mostrarse satisfechos, el gran inconveniente es que la terapia nunca acaba, jamás termina (4).
Si el analista sobrevive, puede ser usado por el paciente (5); gracias a que es capaz de sobrevivir, adquiere para éste último la cualidad de objeto real y externo. El análisis se ha establecido por fin, el paciente confía en que la interpretación del analista no es una defensa ante sus demostraciones de agresividad, sino una orientación que le asistirá en el proceso de encontrar las respuestas necesarias, donde "el principio es el de que él y sólo él (el paciente) conoce las respuestas" (Winnicott, 1992, p. 118).
No obstante, ¿De qué manera la tesis del uso de objeto permite iluminar la técnica de la interpretación? Winnicott (1992) plantea:
"Me aterra pensar cuántos profundos cambios impedí o demoré en pacientes de cierta categoría de clasificación debido a mi necesidad personal de interpretar. Si sabemos esperar, el paciente llega a una comprensión en forma creadora y con inmenso júbilo, y ahora disfruto de ese alborozo más de que solía gozar con el sentimiento de haber sido penetrante" (p. 118).
Saber esperar, incluso a costa de no poder efectuar una interpretación penetrante, es el consejo más valioso que de esa frase se puede desprender. Winnicott estima que durante el proceso existente en el paso de la relación al uso de objeto, el analista siente fuertes deseos de interpretar. Sin embargo, éste debe ser capaz de controlarse y de esperar a que la capacidad para usar el objeto se haya consolidado, puesto que una interpretación fuera de tiempo y momento podría parecerle al paciente, una especie de barrera que el terapeuta coloca para defenderse de sus actos agresivos (el objeto no debe defenderse, sino ser destruido y sobrevivir a dicha destrucción).
Si se interpreta la relación de objeto, es decir, la fantasía inconsciente del sujeto, será imposible alcanzar la cura del individuo. El terapeuta deberá cargar con las catexias que se han depositado sobre él, sin eludirlas por medio de interpretaciones, hasta el momento en que demuestre ser capaz de sobrevivir a los ataques destructivos. Con la capacidad para el uso de objeto ya lograda, cuando el terapeuta ha demostrado su capacidad de supervivencia, la interpretación cobrará un significado distinto, en cuanto no se intenta traducir la fantasía inconsciente del paciente, sino que se trata de colaborar en el proceso de formación de significado que éste último debe llevar a cabo.
Uso de objeto (en la práctica, 2)
No puedo evitar la tentación de establecer un vínculo entre lo que recién he expuesto y el concepto de Sujeto Supuesto Saber, a pesar de que dicha exposición pueda presentar una serie de imperfecciones.
Miller (1994) plantea que el Sujeto Supuesto Saber es el pivote sobre el que se articula la transferencia (en su dimensión simbólica). El establecimiento del SSS se daría gracias a la promesa de significación configurada entre el paciente y el analista, donde el primero reconoce algo inconsciente actuando en él (algo fuera de su dominio y manejo), que puede llegar a ser comprendido. Se asume, de esta manera, que "todo, incluso lo que allí se dice de cualquier modo, tiene una causa" (Miller, 1994, p. 87). La transferencia como repetición, como resistencia y como sugestión, formarían parte de la dimensión imaginaria de ella; debido a su carácter ilusorio, no constituirían el verdadero motor de la cura.
Cuando, en un primer instante, se plantea la relación de objeto como comprensible desde las características del sujeto, como entendible a partir de los mecanismos proyectivos actuantes en él, podría pensarse que se está ante la dimensión imaginaria de la transferencia (ya que ésta nace exclusivamente desde el sujeto). Desde el punto de vista del paciente, el terapeuta no existe como objeto externo autónomo sino como objeto cargado de proyecciones, que, sin problemas, podrían involucrar a la repetición (repetición de un objeto significativo para el individuo, sobre la figura del analista) y a la resistencia. ¿Pero qué ocurre con la transferencia como sugestión? Precisamente la utilización de la sugestión (dimensión imaginaria) llevaría a este análisis, que Winnicott (1992) considera interminable. Por obra de ella se podría mantener al paciente bajo un rango de funcionamiento relativamente decente, a condición de que la figura del analista nunca perdiera su capacidad de influencia.
Por otra parte, el establecimiento del Sujeto Supuesto Saber se daría en consonancia con la capacidad de usar el objeto. Cuando el paciente ataca al objeto - analista y pone a prueba su capacidad de supervivencia, lo que realmente hace es cuestionar al analista y a su técnica; a un nivel abstracto podría considerarse que pone en duda la existencia de una causa de la patología - malestar - dificultad, al mismo tiempo que cuestiona la posibilidad de que el análisis cobre efecto, ayude a dar significación. Si el objeto permanece con vida, si el analista no toma represalias ante la crítica y agresión del paciente, se instaura el marco psicoanalítico. El terapeuta existe como ahora como objeto real - externo, se genera la promesa de significación. De ahí en adelante, con la dimensión simbólica de la transferencia ya estructurada y posicionada, se puede proceder al comienzo de una cura propiamente psicoanalítica.
Finalmente, con el paso del tiempo, como terapeutas, "abrigamos la esperanza de que nuestros pacientes terminen con nosotros y nos olviden, y de que descubran que el vivir mismo es la terapia que tiene sentido" (Winnicott, 1992, p. 119). Es posible que esta frase mantenga con la idea de la caída del Sujeto Supuesto Saber, cierta cercanía y proximidad.
Conclusión
En 1915, Freud señaló: "... de igual modo seguirá siendo imprescindible el psicoanálisis practicado con arreglo al arte, no amortiguado, que no teme manejar y dominar en bien del enfermo las más peligrosas mociones anímicas" (p. 174). Creo que Winnicott sigue la propuesta freudiana cuando nos plantea que es necesario que sobrevivamos a los ataques de nuestros pacientes y nos dejemos usar por ellos, de modo que les permitamos reparar la falla ambiental inicial y alcanzar la recuperación.
Resumen
En el presente ensayo se examinan las nociones de "relación de objeto" y de "uso de objeto". Primero se revisa la visión y teoría de Winnicott al respecto, posteriormente se intenta llevar dichos conceptos al plano clínico para, finalmente, intentar una sucinta y tentativa asociación entre la perspectiva winnicottiana sobre el "uso de objeto" y la posición lacaniana acerca del "Sujeto Supuesto Saber".
Referencias
Freud, S. (1915). Puntualizaciones sobre el amor de transferencia. Amorrortu Editorial: Buenos Aires, Argentina.
Miller, J. (1994). Recorrido de Lacan. Manantial Editorial: Buenos Aires, Argentina.
Winnicott, D. (1992). Realidad y juego. Gedisa Editorial: Barcelona, España.
(1) Las relaciones de objeto ocupan un lugar central en la teoría y práctica kleiniana. La comprensión de la dinámica y problemática del paciente es observada, principalmente, desde el lente de los mecanismos proyectivos e introyectivos (y sus respectivos derivados). Se establece una clara diferenciación entre el sujeto (conocedor) y el objeto (lo que se conoce), depositando en el primero las cualidades de interés para el análisis (fantasías inconscientes). Más importa el mundo de fantasías del sujeto, que la condición ambiental externa que ha influido en su desarrollo.
(2) Este uso del analista debe ser entendido conforme a lo que se ha expuesto. De modo alguno se está proponiendo que el analista llegue al acting out.
(3) La recomendación de Winnicott al respecto es: "cuando el analista sabe que su paciente lleva un revólver encima, me parece que ese trabajo no se puede llevar a cabo" (p. 123, pie de página)
(4) A mi parecer, lo que en dichos escenarios se logra es la cohesión del yo del paciente por medio del influjo constante del analista. O sea, el clínico se hace cargo de devolver ordenadas y relativamente estructuradas las proyecciones que el paciente ha hecho sobre su persona, estableciéndose, de esa forma, un intercambio constante e incesante de contenidos entre terapeuta y paciente.
(5) Es menester, antes de continuar, exponer qué es lo que Winnicott (1992) entiende por supervivencia del analista: "Al analista puede resultarle muy difícil soportar estos ataques, cuando se expresan en forma de engaños, o por medio de manipulaciones que en los hechos lo obligan a hacer cosas técnicamente malas (Me refiero a cosas como no ser digno de confianza en momentos en que ésta es lo único que interesa, así como a la supervivencia en términos de seguir con vida y a la inexistencia de la cualidad de represalia)" (p. 124).

