Un personaje creado a la medida de las circunstancias
No podía dejar de pensar acerca de la fuente de inspiración que había permitido crear las más grandes obras y los más bellos cantos. Era una persona inteligente que deseaba investigar los asuntos en profundidad y agotar los temas hasta el extremo. Creo que esa ansia, lo hacía tan especial frente a los ojos de los demás hombres. Eran esa sed continua y esa aspiración interminable los más notables rasgos de su carácter.
Pero bueno, detrás de todo gran talento se esconden una serie de cuestiones que la visión de un investigador de categoría no podría dejar de lado. Sin duda, debemos fijarnos en los concomitantes y en las miles de situaciones que habían provocado tal manera de ser de César. Claro que me parece un poco más oportuno ir recordando ciertas cosas biográficas de este personaje, a medida que esto se va relacionando con la historia que transcurre. Si se decidiese dejar el hilo de la historia principal para avocarse directamente a un estudio de la vida de César, perderíamos el gran cuento que debe instaurarse como director de las posteriores meditaciones.
Así, volvamos al momento presente en que se me ocurrió escribir estos pequeños comentarios, y localicémonos en lo que César está haciendo ahora. Va caminando solo por la calle en dirección al almacén de la esquina; esto de vivir solo genera una serie de responsabilidades. Pero aparte de la necesidad de comprar productos para la casa, estas caminatas le ayudaban a ordenar sus pensamientos. Es que solía caminar por largos ratos cuando un problema lo acomplejaba. Era el método que había aprendido de su padre, que desde pequeño le había enseñado esta forma de relajarse y meditar. Recordaba durante las travesías, las dificultades que le entregaban un matiz especial a su vida, recordaba todo lo que le había ocurrido en el último tiempo. Alguna explicación debía encontrar en aquellos pensamientos o, al menos, una manera de dominar las situaciones. César no soportaba el desconocimiento. Le cargaba sentir ansiedad, dudas o cualquier incomodidad. Según él, la vida no estaba hecha para las preocupaciones. Si César tiene razón o no en su modo de vivir, difícil será saberlo; dejémosle esta tarea a los sabios, a los inteligentes y a los ávidos de conocimiento; o permitamos al lector de esta historia que se forme un juicio propio, una vez que haya conocido un poco más a nuestro amigo.
Mas, en esta ocasión particular, no era un asunto de su vida privada el que le provocaba problemas, sino que era lo que he planteado previamente sobre las fuentes de inspiración para las obras creativas. Esta inquietud, estas ganas de comprender el proceso creativo se daba gracias a una de las clases en la universidad a las que había asistido el día anterior. Era una cátedra acerca de la influencia social y las problemáticas políticas en las creaciones literarias, dictadas por un profesor muy joven, pero no por eso con poca capacidad, lo que motivaba tales reflexiones en César. El tema le interesaba. Desde siempre se había interesado en esos aspectos; lo social era algo de relevancia en su vida.
Justo cuando empezaba a hipotetizar algunas cosas acerca de ese tema, su caminata se vio interrumpida (yo diría gratamente, aunque no deseo pasar por sobre los sentimientos de César) por la aparición de una agradable muchacha. Ella también será relevante en el recorrido de esta historia, pero por ahora quedémonos contentos con oír la conversación que tuvieron en ese momento; tal vez en el futuro se dé la ocasión para conocerla más en profundidad.
