Indiferencia
Francisca golpeó abruptamente la puerta de sus padres. Había tenido un mal sueño. Su madre, tan indiferente como siempre lo había sido con la menor de sus hijas, se levantó con los ojos aún a medio abrir y preguntó qué sucedía.
Es que no puedo dormir así - respondió Francisca.
Siempre con lo mismo, Pancha. Hasta cuándo te vas a dejar de niñerías - dijo la madre.
Pero mamá... - alcanzó a decir Francisca, antes de ser interrumpida.
Mañana tienes clases, y estoy cansada de oir quejas sobre ti en el colegio. Que te quedas dormida, que no prestas atención, que andas tímida. Así que a dormirse niñita que mañana todos tenemos cosas que hacer. Tienes 12 años ya - señaló.
Francisca, incapaz de decir nada, tomó el león de peluche entre sus manos, lo abrazó fuertemente y emprendió la ruta de regreso a su cama. Mientras caminaba, un sentimiento de abandono la consumía. Cuando aquella sensación llegó a un nivel intolerable, miró directamente al león, y casi presionada por la situación dijo: "al final, sólo a ti te tengo... lo malo es que no eres de verdad ¿Podrás serlo algún día?"

