Dulce despedida
Suéltame, ¿Acaso no te das cuenta de que esto se acabo? ¿Qué tengo que hacer para que comprendas que esta situación me hace daño? Debo ser egoísta en estos momentos y fijarme en las sensaciones que me invaden, de lo contrario, sufriré aún más.
Que mal escribo cuando hablo sobre ti. Por un lado, permites que alcance la creatividad; y por el otro, provocas que mis palabras se traben y me haces trastabillar repetidamente.
Ha llegado el momento de decir adiós. Hay una parte de mí que se niega a aquello, pero otra me lo implora por el bienestar de ambos. Te quiero. No sé que más decir, mas, no podemos estar juntos para hablar acerca de esto, ni hoy ni nunca.

